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El juego
2016/06/08 23:27
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Hacía 8 años que salíamos juntos, Diego era un joven agraciado, no un gigoló, pero era sexual e intelectualmente atractivo y estábamos viviendo una relación intensa en todos los sentidos: amigos, familia, vida sexual...

En resumen éramos una pareja normal, salíamos con parejas amigas, quedábamos en las reuniones familiares de fin de semana o de vacaciones, por supuesto nos acostábamos con regularidad propia de las urgencias de nuestra juventud (las hormonas nos acuciaban con bastante frecuencias...).

Pero al igual que siempre hay una situación peor a una mala, también hay situaciones mejores a una buena, y eso es lo que nos pasó a nosotros.

Siempre había deseado jugar a tres bandas en aspectos sexuales, no es que no quisiera a Diego, sino que para mi la vida sexual era separable de la vida en pareja, siempre con límites, pero separable al fin y al cabo.

El caso es que fuimos un día a la playa con una pareja amiga y acabamos jugando a las palas chicos contra chicas, los chicos siempre hacían lo mismo, parecía que todo iba igualado, incluso que les podíamos ganar, pero luego... fuerza bruta, ya se sabe.

En el segundo o tercer partido se nos ocurrió apostarnos algo (tontas de nosotras) y tanto Yolanda como yo propusimos que nos apostáramos una cena romántica. Alfredo, el chico de la otra pareja dijo que el prefería un streeptease... bueno, no dijimos ni si ni no, el caso es que perdimos. Por supuesto, me negué en redondo a desnudarme delante de Alfredo (y Yolanda ante Diego), y ahí quedó todo.

Pasaron las semanas y una noche que estábamos en una discoteca con estos amigos Yolanda y Yo fuimos al baño, cuando llegamos Yolanda me propuesto pagarles la apuesta. Yo estaba un poco bebida y la verdad, no se porqué, aunque me alegre, contesté que si.

Sin decirles nada fuimos a casa de Yolanda y Alfredo, les sentamos en el sofá y comenzamos a hacerles el streeptease. Habíamos acordado que íbamos a dirigir el desnudo a quien no era nuestra pareja, así que comenzamos a quitarnos la ropa mirando fijamente a la pareja de la compañera.

Me puse muy caliente, y pude sentir la excitación del ambiente cuando con una mirada sonriente ambas dejamos caer nuestros sujetadores al suelo y los chicos atónitos miraban nuestro pechos excitados.

Nos acercamos a ellos y acercamos nuestros pechos a sus caras, sin saber porqué puse uno de mis pechos en la boca de Alfredo y girando mi cabeza pude comprobar como Yolanda hacía lo propio con Diego, mi excitación tendía a infinito. Estábamos haciendo prácticamente los mismos movimientos y mismas cosas sin haber planificado nada. Miré hacia abajo y pude comprobar como ambos, Alfredo y Diego tenían el paquete sospechosamente “inflamado”.

Miré a Yolanda y al unísono nos alejamos de ellos de espaldas, nos agachamos dejando que observaran bien nuestros traseros y nos bajamos las braguitas. Nos dimos la vuelta y nos tumbamos en el suelo, abriendo las piernas para que vieran bien nuestros húmedos coños. Noté en Diego y Alfredo las miradas más excitantes que he visto nunca.

Nos fuimos desnudando lentamente muy cerca de sus ojos, acercando nuestros pezones a su boca, abriendo nuestras piernas ante su cara, abrir nuestras nalgas y dejar nuestro culito completamente abierto para su mirada... eso si, sin dejarles tocar nada; ese era el plan original.

Alcancé el tope de mi excitación en el momento en el que Yolanda me dijo al oído: “Llévatelo a la habitación, me apetece tener un intercambio muy interesante de pareja...” el brillo de sus ojos hizo que ni siquiera me lo planteara, les llevamos al dormitorio cogidos de la mano y con cara de perplejidad.

Tumbé a Alfredo en la cama y sin dejarle hacer nada le desnudé poco a poco, mientras iba descubriendo sus músculos mi cabeza dibujaba entre neblina a Yolanda con Diego y yo me excitaba más y más, llegué a sus calzoncillos y dudé un poco, Alfredo hizo su primer movimiento, los bajo para mi dejándome ver todo su cuerpo desnudo, pero yo sólo veía su pene erecto, inmenso... y soñaba con meterlo en mi boca y me lancé salvajemente sobre él.

Estuve chupándo su pene mucho tiempo, retiré suavemente su prepucio y lamí todo su glande una y otra vez, soplé sobre el , metí sus huevos en mi boca mientras le masturbaba.... me había olvidado plenamente de la habitación de al lado.

Alfredo comenzó a moverse, bruscamente, no se cómo, pero leyó mi pensamiento, necesitaba un poco de violencia sexual. Me tumbó bruscamente en la cama y comenzó a lamer todo mi cuerpo, mis pezones, mis nalgas, estuvo una eternidad en mi entrepierna y ... luego comenzó a jugar con su lengua en mi ano, mi culo se abrió poco a poco y comenzó a meter uno de sus dedos entre mis nalgas mientras lamía fieramente mi conejo.

Entre en éxtasis, ni siquiera note como me daba la vuelta y su pene se preparaba para penetrarme por el culo, volví a la realidad en ese instante, justo antes de que me penetrara y notara una mezcla inmensa de placer y dolor... arriba, abajo, arriba, abajo, mi cara apoyada sobre la almohada y su poya dentro de mi culo...

Pasaron unos minutos y se abrió la puerta, era Diego, tras él venía Yolanda, con una sonrisa en la boca. No es cierto que Yolanda viniera, los dedos de Diego dentro de ella la traían dándole placer. Alfredo sacó su poya mientras Diego se tumbaba a mi lado y entre los dos me sentaban sobre Diego para que lo montará; me sorprendió que fuera Yolanda la que cogió el inflado pene de Diego y lo metió dentro de mi vagina... aún más me sorprendió que metiera dos de sus dedos en mi culo provocándome un placer inmenso. Y alcancé el grado extremo de placer cuando note como Alfredo se colocaba encima mío y me daba por el culo por segunda vez, dos poyas en mi cuerpo, no podría creérmelo, me derrumbaba de placer.

Ambos sacaron sus cuerpos musculosos de mi y me dejaron tumbada, hicieron lo mismo con Yolanda y me pidieron que fuera yo quien metiera sus miembros en ella, al igual que ella mis dedos juguetearon previamente dentro de su culo.

Tras diez minutos de juego los chicos nos llevaron a la sala, y nos pidieron que les masturbáramos para que se corrieran sobre la mesa, yo a Alfredo y Yolanda a Diego, intenté jugar con mi boca pero Alfredo no me dejó, insistía en que quería correrse en la mesa de cristal de la sala y así lo hicieron, prácticamente a la vez.

Entonces nos cogieron la cabeza y nos obligaron a lamer su semen, no sólo eso, luego nos obligaron a mezclarlo dándonos un enorme y largo beso la una a la otra. No lo voy a negar, me gustó, sobre todo porque mientras lo hacíamos notaba las manos de diego en mi culo y su lengua en mi clítoris... una apuesta es una apuesta.

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